31/10/2024
El último clavo
Mi padre me decía, -cuando seas grande sabrás que tenía razón-. Y hoy se la doy. Si a un político le sugieres algo, la soberbia lo ciega y hace lo que quiere, aunque el proyecto pueda ser reprobado o causar problemas graves.
Él hace lo que quiere porque en casa ni a su padre obedeció.
Nada cambia, así como cuando éramos jóvenes, el que se estrena de político siempre se hará fuera de la bacinilla y, quien logra un cargo por debajo de su capacidad y empatía, ya se frota las manos para seguir lastimando a los ayuntamientos y sin pena.
En esta 4T, son más los que se aprovechan de la ignorancia de los auténticos e ignorantes morenos, porque son los que han estado cerca puliéndose los bigotes y limándose las uñas, dicho en palabras simples, nacieron en el PRI, navegaron por muchos partidos y en el camino han aprendido a disfrazarse.
No se trata de nadie en especial, aunque es un caso “especial”, porque visto desde otra óptica, mentalmente lo es.
En esta nueva era de la 4 T, aquellos que nacieron en el PRI y navegaron en ese drenaje, lo único que obtuvieron son mañas, se formaron con la regla del agandalle, ellos son los que están clavando el último clavo más sucio del ataúd de la moral que hoy, la 4T quiere mostrar.
La gente que siempre fue valet o sirviente de algún político, aprendió como las empleadas domésticas, remedando a la patrona y, a la hora de estar libres y sueltos, cometen todos los agravios, se vuelven irascibles, prepotentes y gritonas.
Se da en hombres y la transformación es al cuadrado, por eso se recomienda poner bien los ojos, porque están al acecho, se disfrazan de “buena gente” se vuelven serviciales casi encantadores, como el ángel malvado.
Aunque todos dicen despreciarlo, le reciben, le abrazan y caen de nuevo en sus garras.
Es un Fósil, es un humano insensible que no le teme a nada y no conoce la vergüenza, en el camino aprendió a cauterizarse el alma para que sus gestos no lo denuncien.
No es nadie en especial, pero está cerca de uno, siempre al acecho, en espera de la primera oportunidad para atacar, nacieron defectuosos o, en casa, les pulieron el ego para caminar con la frente en alto.
En cada generación y hoy, nacen más, se han reproducido tanto que, se han convertido en una manada difícil de identificar.
Por eso, el político debe tener el bigote bien pulido y las garras afiladas, pero sobre todo, hacerle caso al llamado de su conciencia, al asesor que debe ser un humano neutro, no versátil, porque entonces…
Soy Carlos Morán y te deseo ¡Feliz jueves!