26/05/2025
Desde un cremoso flan de leche condensada hasta una deliciosa torta de hojarasca con crema pastelera…
Recrear las recetas de mi abuela aquí en Nueva Zelanda es mucho más que cocinar.
Es volver a Chile por un rato.
Es llenar la casa con esos aromas que me criaron.
Es enseñarles a mis hijos que los sabores también cuentan historias.
Cada cucharada de manjar, cada masa que se estira, cada huevo que se bate,
lleva el cariño de generaciones.
Porque en mi cocina, el postre nunca es solo postre:
es recuerdo, identidad y amor servido en un plato.
Enseñarles nuestros platos típicos no es solo enseñarles a cocinar,
es compartirles una parte de mí,
una parte de donde vengo,
una parte que quiero que también los forme a ellos.
Así, aunque estemos lejos, Chile sigue aquí…
en la mesa, en el corazón, y en cada bocado.