Llajua

Llajua Asados especiales en leña con delicioso toque picante y característicos platillos para vegetarianos y veganos.

cocinando con arto amor 😍 y zuiiin😁😀
08/05/2024

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Cocinar por placer

Siglos de mandatos sociales depositaron sobre la mujer la obligación de cocinar, algo que el feminismo se encargó de poner definitivamente en crisis. Hoy la cocina se debate entre el apuro en el que viven nuestras sociedades y el deseo por redescubrir saberes, sabores y placeres.

Es casi una obviedad: a lo largo del último siglo, las mujeres parecen haber tenido una relación algo complicada con la comida.
Durante cientos de años las tareas domésticas no han sido un tema sobre el que ellas pudieran elegir. Mantener la casa, incluyendo la preparación de los alimentos, era una tarea casi exclusivamente femenina. (Hoy esto está más dividido)
Por eso las primeras feministas, incluso aún antes de percibirse a sí mismas como tales, desafiaron ese concepto arcaico de que cocinar para la familia era lo único que podían hacer. Pero cuando muchas de ellas lograron quebrar los límites y salir al mundo laboral, con más frecuencia que excepción se dieron cuenta de que al regresar a sus hogares las esperaba su segundo trabajo: la casa y la cocina. Evidentemente, había sido un mal negocio.
“Cuando los dueños de la industria de la alimentación se dieron cuenta de que las mujeres éran las que nos encargábamos también de las compras, se comenzaron a desarrollar productos que ayudaran a facilitar esa ‘carga’ que representaba la cocina. Y así fue como entramos en la era de las comidas prehechas, los enlatados”, una idea lastimosa a la idea de alimentar. La expresión pertenece a Addie Broyles, una norteamericana que se define como “cocinera y feminista”, autora del libro The Feminist Kitchen (La cocina feminista), en el cual conjuga las dos pasiones que la definen.
El abordaje del binomio “feminismo y cocina” no deja de ser de algún modo interpelante para quienes se atreven a plantearlo.

“PODEMOS DECIR QUE EL HECHO DE COMER EN UN HOGAR ES ALGO TOTALMENTE SOCIAL Y CULTURAL”.

Difieren mucho aquellas primeras feministas que disputaban sus espacios en el mundo del trabajo de las que luego se enfrentaron con el doble desafío de trabajar y seguir haciéndolo también en casa. De allí el ingreso de la industrialización de los alimentos, con el solo objetivo de “simplificar-facilitar-acercar-estandarizar” todo aquello que podría ser considerado alimento en un hogar.
Con un planteo sencillo, es justamente eso, eso es ser cocinero, o solo abrir una lata?. La segunda mitad del siglo XX trajo un cambio drástico en relación con el viejo mandato y los legados familiares que se transmitían de abuelas a madres y a hijas. “Veníamos de una época en la que los traspasos de contenidos culinarios eran un mandato natural que se materializaba cuando la hija se casaba y se iba del hogar, con el recetario familiar como parte del ajuar. Hoy eso ya no existe más, porque el abordaje del tema cocina ha cambiado".
Se viven épocas de mayor velocidad. De trabajos múltiples, de poco tiempo. De vértigo por llegar y por salir. Y eso repercute directamente en la cocina, y por ende en la alimentación. “Hoy la cocina se resuelve con lo que hay. Se trabaja con unos pocos ingredientes básicos y con mucho delivery”. “De la vieja cocina generacional de la familia, que llevaba todo un protocolo de armado, de elaboración, de planificación, hoy se ha pasado a una cocina más expeditiva, más rápida, más pragmática”, explica con el indisimulable tono capacitador, con el que forma a los futuros cocineros, entendiendo la cocina desde otro punto de vista.

"LO FUNDAMENTAL ES ENCONTRAR EN LA COCINA UN PLACER QUE TRASCIENDA LAS PAPILAS GUSTATIVAS Y SE EXTIENDA A UN ESPECTRO MÁS SOCIAL, MÁS SENSUAL, MÁS ESPIRITUAL”.

Esta afirmación coincide en buena medida con lo que dice una colega, Narda Lepes, “Hoy tenemos bien en claro que el grueso de las personas come y cocina a las apuradas, con lo que encuentra, sin planificar, y consumiendo productos que no son los más aconsejables. Pero también hay que decir que se está consolidando otra mirada sobre la cocina, quizás tomando un poco lo de antes, pero combinándolo con la mirada de hoy”, cuenta Narda,“la forma en que cocinás dice mucho de vos”. ¿A qué se refiere? “A que la gastronomía del hogar no solo define lo que comés, sino también cómo estás parado ante la vida. Tu forma de comer indica quién sos, dónde vivís, si te importa saber de dónde vienen los alimentos que consumís, qué comió ese animal que estás cocinando, si te gusta comer productos de estación y si notás la diferencia, qué relación tenés con tu verdulero…”, algo que pensamos muchos cocineros “Por eso –no duda en asegurar–, la cocina y la comida son definitivamente un hecho cultural”. Ese planteo más abarcativo, resulta hoy más una excepción que algo cotidiano. “El grueso de las personas sigue comiendo afuera o resolviendo la cuestión de la manera más fácil que encuentra”, tristemente.

La cocina no se mancha
Por más liberación, negación o escape, afortunadamente la cocina no ha quedado desierta. Solo ha vivido transformaciones, que no han dejado de interrelacionar lo social, lo histórico, lo ecológico, lo arquitectónico, lo funcional. Casi como una historia del último siglo resumida en el ambiente más importante de la casa.
“De aquella negación de ayer, hoy estamos pasando quizás a una resignificación. Se vive como una revalorización de los recursos regionales e históricos, y también los identitarios de las familias, para pensar otra vez la cocina desde un lugar de mayor disfrute”. Para mi, “ya pasó el furor de la liberación, y hoy hay tiempo nuevamente para redescubrir esas viejas recetas de las madres y las abuelas, y tratar de trepar en el árbol genealógico gastronómico, buscando esos viejos valores”.
También la era de la información ha permitido asomarse a “nuevas formas de cocinar, buscando recetas, combinando conocimientos, incorporando otros ingredientes que quizás no se conocían, animándose a salirse de lo que siempre se ha venido haciendo de la misma manera”.
Esto abre nuevas puertas que permiten, por un lado, el “puritanismo gastronómico” de atenerse estrictamente a las recetas y a las reglas, para lograr siempre el resultado indicado; o bien la “creatividad gastronómica”, la que se permite combinar, adaptar, mezclar y un poco también arriesgar en búsqueda de lo nuevo. “Lo fundamental, es de algún modo intentar encontrar en la cocina un placer que trascienda las papilas gustativas y se extienda a un espectro más social, más sensual, más espiritual”.
En el mismo sentido, “Podemos decir que el hecho de comer en un hogar es algo totalmente social y cultural –sin dudas–. Esto trasciende el mero hecho biológico-nutritivo y recupera el hecho comunitario”. Por eso considero que hoy la sociedad “tiene un nuevo enfoque, una resignificación no solo sobre las costumbres que son patrimonio de la familia, sino también sobre el dominio de los ingredientes y de la forma en que se preparan”. Y lo ejemplifico con el vecino de una gran ciudad que le saca provecho a su balcón para cultivar plantas aromáticas o tomates que luego utilizará en sus preparaciones. “La albahaca casera es un caso típico”, o no?.
Quizás el movimiento que empezó en el siglo pasado ya se está permitiendo volver sobre sí y cuestionar justamente los viejos cuestionamientos. O quizás, “Que ciertas actividades hayan sido tradicionalmente femeninas no significa que merezcan ser tiradas a la basura”.
Hoy esos límites desdibujados, o, mejor dicho, entrelazados, entre los roles masculinos y femeninos, permiten otra mirada sobre las tareas domésticas en general y sobre la gastronomía hogareña en particular.

"Cocino, sí. Pero porque lo he elegido”.

Cocinar es un placer
COCINAR ES UN PLACER GENIAL, SENSUAL…
Cocinar ayuda a relajarnos, contribuye eliminar calorías, estimula la motricidad fina, abre y ejercita la mente, hace que brote la creatividad, corrige algunos de nuestros malos hábitos alimenticios, y… hasta favorece las relaciones familiares, al cocinar conjuntamente con nuestra pareja o hijos.

Al menos es lo que creo, desde una mirada de aficion por la cocina, que he querido destacar los diferentes beneficios que tiene el acto de cocinar, tanto físicos —estudios recientes afirman que quienes cocinan en casa ingieren alrededor de 200 calorías menos que las que comen fuera— como psicológicos.

Los beneficios de cocinar
•Relaja. La cocina permite hacer un paréntesis en la rutina de cada uno para dedicarse, íntegramente, a una actividad entretenida lejos de las obligaciones laborales o de los estudios. Todo el mundo necesita desconectar de vez en cuando y la cocina es, sin duda, una estupenda opción.
•Favorece las relaciones familiares. En numerosas ocasiones, cocinar requiere un trabajo en equipo, y la familia puede ser la opción perfecta. Cocinar es un acto que ayuda a la comunicación entre todos los cocineros, por lo que unas horas juntos a los fuegos reforzarán, seguro, el vínculo familiar.
•Elimina calorías. Diferentes estudios aseguran que pasar una hora al día cocinando puede hacer que se pierdan hasta 150 calorías, gracias al movimiento constante que se realiza.
•Estimula la motricidad fina. La motricidad fina comprende todos los pequeños movimientos realizados con la lengua, dedos, manos, labios, muñecas, etc. En el acto de cocinar la motricidad fina se desarrolla, por ello es una actividad muy interesante para los niños, ya que es a edades tempranas cuando la motricidad fina va adquiriendo forma.
•Ejercita la mente. Cocinar es una buena manera de educar la mente, ya que necesita de un ejercicio de programación cerebral, como planificar qué platos se quieren cocinar, qué ingredientes son los necesarios para su elaboración, cuáles son todas las combinaciones posibles, etc.
•Hace que brote la creatividad. En la actualidad la cocina se ha convertido en un auténtico arte. Hoy en día ya no basta únicamente con cocinar; ahora, para triunfar en la cocina se deben aplicar las mejores combinaciones de ingredientes y las técnicas más originales.
•Abre la mente. La acción de cocinar transporta a aquel que se sumerge en ella a infinitud de lugares, dando a conocer los platos y productos típicos de cada territorio, a la vez que da la oportunidad de abrir la mente a sociedades muy diferentes.
•Aleja los malos hábitos alimenticios. Comer fuera de casa habitualmente puede contribuir a que vayamos asumiendo una serie de malos hábitos nutricionales. Sin embargo, cocinar en casa hace que los alimentos se escojan con una mayor minuciosidad, los elaboremos según las correctas indicaciones… por lo que, de alguna forma, fomentamos los buenos hábitos alimenticios.

Martín Holownia Cocinero Profesional

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