03/10/2021
EMPEZAMOS OCTUBRE, CON MEMORIA
El 03 de octubre del 2019, Ecuador se despertó con movilizaciones y un paro nacional, de varios sectores, como consecuencia de las medidas económicas tomadas vía decreto, para complacer los intereses del Fondo Monetario Internacional (FMI) y así, el gobierno encabezado por el presidente Lenín Moreno accediese a un desembolso de cuatro mil millones de dólares. La medida anunciada que más provocó reacciones por parte de la sociedad civil, fue la eliminación del subsidio a la gasolina y al diésel, ya que esta medida afectaba directamente a los bolsillos de la gran mayoría de ecuatorianas y ecuatorianos.
Transportistas, sindicatos, estudiantes, feministas e indígenas, asumieron roles protagónicos para sostener la lucha: Desde la Universidad Central del Ecuador (UCE), estudiantes se movilizaron hacia la Plaza Grande, sin embargo, la represión por parte de la Policía Nacional no permitió que avanzaran, ni siquiera hasta la Plaza del Teatro; así que anunciaron paro indefinido desde ese día; los transportistas del taxismo se unieron inmediatamente a esta declaración y luego, los transportistas de carga pesada. Mientras tanto, desde el Estado, trataban de minimizar la situación; sin embargo, cuando la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) anunció movilizaciones hacia la capital, el Estado respondió bajo su propia esencia: reprimir para mantener el “orden”. El 08 de octubre del 2019, Lenín Moreno declaró el estado de excepción y restringió la movilidad de las personas a través de toque de queda.
Octubre, el gran estallido social, no fue el resultado de una coyuntura específica, no fue solo un decreto sino que existieron condiciones que se acumularon y detonaron en el punto de mayor contradicción de condiciones materiales. En el caso de octubre las condiciones que se venían acumulando, eran los distintos recortes y golpes a las clases medias y bajas, como son: reducción en el presupuesto para educación, los despidos del sector público, la disminución del acceso al bono de desarrollo humano, la baja de calidad del sistema de salud, la inseguridad, la deuda, la precarización, la violencia de género.
Por eso, a pesar del gas y tolete no dejábamos de gritar por la defensa de nuestros derechos, en las calles se escuchaban diversas consignas: ¡En la lucha del pueblo, nadie se cansa! Pero entonces, todo por un segundo se paralizó, sabíamos el nombre del primer caído: ¡Qué dolor, carajo! Después, fueron siete y a uno de ellos vimos cómo la bala le atravesaba por su escudo de cartón; cada una de las personas caídas siguen en nuestra memoria colectiva y popular. Otro de ellos fue Marco, todas y todos vimos como los miserables chapas le acorralaban hasta la muerte. No, no vamos a usar otras palabras para adornar los relatos que han construido las élites en torno al paro, queremos que sepan cómo suenan las palabras de rabia, de dolor, porque así les podemos decir que nunca vamos a olvidar que asesinaron a 8 compañeros, que judicializaron a más de 200 y que encarcelaron a 1192 personas por querer luchar por días mejores.
Reivindicamos el paro desde nuestras voces que no dejaron de gritar y comunicar; desde lo popular; desde nuestras manos, que armaron cadenas de abastecimiento; desde nuestros pies, que resistieron en la primera línea; desde nuestra memoria que no olvida a ningún compañero, porque son ellos quienes se convirtieron en guía, camino y horizonte.
¡A todos y todas! A las doctoras, a los cocineros, a los paramédicos, a las voluntarias, a quienes no dudaron en donar, a quienes durmieron en el piso de las universidades, a quienes repartían las cobijas, a quienes pusieron el cuerpo en todas las líneas, a quienes les arrebataron su vida; gracias por nunca dejar de luchar y enseñarnos a resistir. Desde aquí, desde nuestro territorio que no olvida al pueblo organizado, que demostró que la solidaridad es una práctica política fundamental, desde estas gargantas poderosas que nunca van a renunciar, seguimos gritando: ¡OCTUBRE VIVE, LA LUCHA SIGUE!