Restaurante familiar fundado en los años 70 por el navarro Juan González Arellano y su esposa Carmen Arellano. Corría el año 1974 cuando este matrimonio se embarcó en un proyecto de aparente sencillez. Izarra nacía como un bar “de vinos” con algunos platillos y raciones, que Carmen elaboraba según dictaba la tradición navarra. En pocos años transformaron el sencillo bar en el elegante restaurante
que aún hoy permanece impasible al paso de los años y exento de las modas y filigranas gastronómicas. En el Restaurante Izarra celebramos en 2014 nuestro 40 aniversario como mejor sabemos hacerlo, venerando a la cocina navarra de alta calidad, basada en las mejores materias primas. Trabajamos con producto preferentemente de Km 0, aunque eso sí, todo lo que no encontramos a nuestro alrededor a la máxima calidad, lo seleccionamos en su punto de origen. El pescado nos lo traen de Santander si es pieza grande, y de las costas barcelonesas si se trata de atún, pulpitos, espardenyas, txipirones, sardinitas o gambas. Para buscar su chuletón de buey vamos a productores gallegos, y el lechazo es de Burgos, como manda la tradición. Ahora bien, las verduras las combinamos entre productores locales y algunos de la huerta de Tudela, sobre todo en temporada de espárrago fresco y alcachofa. Todas estas materias primas son la base de nuestro recetario, una carta exenta de giros de vanguardia, pero rebosante de calidad y buen gusto. En las mesas de nuestro coqueto restaurante de solo 34 plazas seguimos sirviendo platos cuyo éxito radica en la elección de los mejores ingredientes y en la paciencia -la que depositan a la hora de elaborarlos-, como las Alubias de Puente la Reina, la Menestra de Verduras, los Callos “hechos como los de antes”, los Garbanzos de los Jueves, el Chuletón de buey a la parrilla, el Rabo de Toro estofado, las Kokotxas de merluza al pil pil, o el Tronco de Merluza a la vasca. En Izarra somos conocidos además por algunas especialidades, como por ejemplo, por su gama de platos a base de alcachofas, que cocinan con jamón, con huevo frito y foie micuit, fritas con chipirones y gambas, y con almejas. Y en el apartado de los postres, no nos quedamos atrás, pues todos son artesanos, elaborados en nuestra pequeña cocina, como El tocinillo de cielo, La Leche frita, los Canutillos de hojaldre rellenos de crema, la Tarta de limón con merengue o la típica Panchineta navarra, entre otros. Todo ello, puede maridarse con alguna de las más de 100 referencias de vinos de la bodega del Izarra, un surtido cuidadosamente seleccionado y que no desprecia ninguna Denominación de Origen. Desde hace ya algunas décadas, en el comedor del Izarra controla y sirve con estilo y clasicismo Alberto González. Él y su hermana Carmen (en cocina) cogieron el relevo a sus padres para continuar con esta saga de restauradores. Autodidactas, nacieron en el restaurante y eso se palpa, pues han heredado no solo su sensibilidad hacia la cocina y el servicio en sala, sino también su estilo inconfundible hacia sus comensales. La vieja escuela hace honor en esta casa de comidas, pues el respeto y el servicio hacia el cliente es su máxima premisa.