03/07/2026
❌ ERROR: No se pudo procesar tu solicitud de amor permanente 🤷
Te levantas cada mañana con el manual bajo el brazo. Crees que el amor tiene horario de oficina. Que llega con cita previa y se marcha cuando tú cierras la puerta.
Qué gracia me hace eso.
El amor no sabe de agendas. Es ese vecino que toca el timbre a las 3 de la madrugada para prestarte azúcar. Y tú sales en pijama, con los ojos hinchados, y de repente esa azúcar es lo único que endulzará tu año entero.
Un día aparece. Sin avisar. Y te llena la casa de flores que no pediste. Y tú, acostumbrado al orden, quieres ponerlas todas en el mismo jarrón, alineadas por color, con el agua justa para que duren siempre.
Pero las flores se marchitan. Y el amor se convierte en ese olor a tierra mojada que se queda pegado en la cortina.
Luego pasa. Como pasa el verano. Como pasa el autobús cuando vas tarde. Como pasa la juventud mientras firmabas una hipoteca.
Y ahí te quedas. Con las manos abiertas. Preguntándote si fue real o fue solo una corriente de aire que coló la persiana rota.
Lo más bonito del amor es que no te pide permiso. Entra, revuelve tus cajones, se prueba tu ropa, y un día desaparece dejando una media debajo de la cama.
Y tú guardas esa media. Porque huele a él. Porque huele a ese día.
Y te das cuenta de que el sinsentido también se puede habitar. Que hay silencios que pesan menos que las palabras. Que a veces estar roto es simplemente estar más abierto que nunca.
Así que no le pongas puertas al campo. No le pongas candados al río. No le pongas fecha de caducidad a lo que simplemente respira.
Vive el tiempo prestado. Vive el tiempo roto. Vive el tiempo que no existe en los relojes.
Porque al final, cuando el amor se va (porque siempre se va, aunque a veces vuelva con otra cara), lo único que queda es ese olor a tierra mojada.
Y tú sonríes.
Y dices... gracias por el desorden.
— José Luis