16/07/2026
Como canaria, hay algo que no entiendo del debate sobre la tasa turística.
Siempre hemos sido un pueblo acogedor. Canarias ha abierto los brazos a personas de todas las nacionalidades, culturas, religiones y formas de vivir. Esa hospitalidad forma parte de nuestra identidad y debemos seguir defendiéndola.
Precisamente por eso, creo que también debemos aprender de otros destinos turísticos que llevan muchos años aplicando medidas para que el turismo contribuya al mantenimiento de los lugares que visita.
He viajado fuera de Canarias y como millones de personas, he pagado tasas turísticas sin ningún problema. En muchos destinos europeos se pagan uno, dos o más euros por noche. En Mogán estamos hablando de 15 céntimos por persona y noche. Sinceramente, me parece una cantidad simbólica.
La tasa turística no es un castigo al visitante. Es una forma de que quien disfruta de un destino también contribuya, aunque sea mínimamente, a conservarlo. Puede ayudar a mantener limpias las calles, cuidar los espacios públicos, mejorar las infraestructuras y conservar las zonas turísticas. Si no existe esa aportación, una parte importante de esos costes acaba saliendo de los impuestos que pagamos los residentes.
No se trata de estar a favor o en contra de un partido político. Se trata de preguntarnos qué modelo queremos para Canarias. Un destino turístico de primer nivel también necesita recursos para mantenerse a la altura.
Respeto que exista un debate jurídico sobre la forma de implantar esta tasa. El Tribunal Superior de Justicia de Canarias ha anulado la ordenanza de Mogán y será la justicia quien determine el recorrido definitivo de este asunto. Pero una cosa es debatir la forma jurídica de aplicarla y otra muy distinta rechazar la idea de una tasa turística por completo.
Ojalá fuéramos capaces de analizar las propuestas por su utilidad y no por quién las presenta. Porque, cuando una medida puede beneficiar al conjunto del municipio y aliviar parte del esfuerzo económico que soportan los residentes, al menos merece un debate serio, sin convertirlo todo en una batalla política.