01/05/2025
Antes de convertirse en una figura callejera famosa por los programas de televisión, Samuel González Quiroz, mejor conocido como Changoleón, tuvo una vida que pocos imaginarían.
Estudió Psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
No solo estudió: llegó a ser catedrático.
Durante años, Samuel impartió clases, hablaba de conducta humana, analizaba mentes, y caminaba por los mismos pasillos donde generaciones de futuros profesionales aprendían de él.
*Era respetado.
*Era brillante.
Pero la vida, a veces, tiene maneras crueles de cambiar los caminos.
Una serie de tragedias personales —entre ellas, problemas familiares y afectivos profundos— lo llevaron a caer en el alco&/*holismo.
*Perdió su estabilidad.
*Perdió su trabajo.
*Perdió su hogar.
Y un día… también dejó de buscar volver.
Terminó viviendo en las calles de Coyoacán, entre músicos ambulantes, turistas, y jóvenes universitarios que ni imaginaban quién era ese hombre desaliñado que contaba chistes extraños entre trago y trago.
Lo increíble es que, incluso en su peor momento, Changoleón conservó su chispa.
Su lenguaje se volvió crudo, sí.
Pero también conservaba retazos de sabiduría, de humor ácido, de una mente que alguna vez brilló en aulas universitarias.
Cuando apareció en televisión —de manera improvisada en programas como Toma Libre— su figura se volvió símbolo de la locura, el abandono… pero también de la libertad más salvaje.
*Samuel, convertido en Changoleón, nunca pidió lástima.
*Nunca trató de ocultar lo que había vivido.
Él era, sin quererlo, un espejo de lo que la sociedad a veces prefiere no ver:
Que detrás de cada persona rota, hubo una vez un sueño, un aula, un amor, un futuro.
Changoleón falleció en 2022.
Pero su historia sigue flotando en las calles de Coyoacán, recordándonos que la caída no borra el origen.
Y que a veces, incluso en la derrota, hay una forma silenciosa de inmortalidad.