10/05/2024
Como exalumno de Casa de los Niños Montessori, recuerdo con gratitud y cariño la apetitosa hora del lonche, mi momento favorito, donde comprendí la importancia y la fuerza de valores como el compartir, el respeto y el dar amor a través de la comida.
En mi corazón, la hora del lonche en La Casa De Los Niños es más que solo un recuerdo; es un vínculo atemporal entre mi niñez y mi presente. La mesa era nuestro mundo, donde aprendíamos a ser autónomos, a colaborar y a compartir con gracia y cortesía. Esas lecciones han resonado a lo largo de mi vida, guiándome incluso en la creación de La Lonchera, un tributo a esos momentos mágicos de comunión y aprendizaje.
Con el pasar de los años, las enseñanzas de ese rito culinario se erigieron como parte integral de mi formación como ser humano. La preparación meticulosa de la mesa, el servicio con amor y el respeto por los tiempos individuales se arraigaron en mi ser, moldeando mi visión del mundo y mi conexión con los demás.
Y así, el ciclo se repite, con una nueva generación de montessorianos deleitándose con el sabor de nuestras deliciosas tortas del chavo. Es un honor verme reflejado en esos diminutos seres. En cada niño, veo un poco de mí mismo, un recordatorio de que la magia de la hora del lonche en La Casa Montessori trasciende el tiempo y el espacio.
Aprovechando el momento de contemplación, los invito a reflexionar sobre la belleza de nuestras tradiciones, la esencia del espíritu comunitario y el encanto de los recuerdos que nos entrelazan. Porque en cada mesa, en cada lonche, aguarda una historia ansiosa de ser contada.
Que el día que nos acompaña se vea colmado de afecto, aprecio y la dulce nostalgia de tiempos pasados. ❤️