05/09/2026
ROGELIO COTA: CUANDO LA CANCHA SE CONVIERTE EN TRAMPOLÍN POLÍTICO
Rogelio Cota Gutiérrez parece haber encontrado en el deporte algo más que una cancha: una plataforma para construir poder político.
El problema es que la política, a diferencia de un equipo de fútbol, no puede manejarse como un club particular: aquí no se trata de alinear a los que obedecen, mandar a la banca a los incómodos ni pretender que todas las decisiones se ajusten a la voluntad de un solo jugador.
Y es justamente ahí donde surgen los cuestionamientos.
De acuerdo con señalamientos que deberán ser aclarados por las instancias correspondientes, se habría realizado una investigación con el área de Deportes de la Universidad de Sonora, en la que presuntamente se detectó un adeudo de más de un año relacionado con el uso de instalaciones y servicios, entre ellos el Miguel Castro Servín y el gimnasio de la UNISON utilizado para actividades vinculadas con los deportes. También se ha cuestionado el posible aprovechamiento de instalaciones como Guadalupe Libre, así como el uso de personal y recursos destinados a los huérfanos para fines personales o lucrativos, en lugar de cumplir con su propósito social.
Si son ciertos los señalamientos sobre adeudos derivados del uso de instalaciones deportivas, resulta inevitable preguntar qué clase de ejemplo pretende representar alguien que busca proyectarse políticamente desde el deporte mientras existen cuentas pendientes y dudas sobre el destino de recursos y espacios.
Porque la congruencia también se juega fuera de la cancha.
A esto se suma que, hoy en día, Toño estaría presentando a Natalia Rivera y Rogelio Cota como posibles colaboradores de su proyecto político, una situación que parece contradecir los principios de congruencia partidista, crecimiento y coherencia dentro de Movimiento Ciudadano que ambos habían pregonado. La cercanía actual con Toño también ha generado cuestionamientos sobre la consistencia de sus posturas y sobre si sus decisiones responden a convicciones políticas o a conveniencias del momento.
Un partido político tampoco es una casa donde el hijo amenaza con irse cuando no le cumplen sus caprichos. Es una organización con reglas, dirigencias, acuerdos y objetivos electorales. Tiene derecho a buscar los cuadros que considere más competitivos y a mover sus piezas cuando lo estime conveniente.
Eso se llama política. No berrinche.
Por eso, tanto Rogelio Cota Gutiérrez como Natalia Rivera tendrían que entender que participar en política exige madurez para aceptar decisiones que no siempre coinciden con los intereses personales.
El ciudadano, mientras tanto, espera algo mucho más elemental de quienes aspiran a representarlo: honestidad, responsabilidad y resultados.
Y basta mirar muchas de las condiciones en que se encuentran las instalaciones deportivas para preguntarse dónde están esos resultados.
La verdadera pregunta, entonces, no es si Rogelio Cota quiere hacer política desde el deporte.
La pregunta es qué clase de política pretende hacer.
Porque si la fórmula consiste en trasladar de la cancha al partido la misma lógica de elegir jugadores, controlar la jugada y mandar a la banca a quien no se somete, quizá no estamos ante alguien que quiera servir al equipo.
Quizá estamos ante alguien que quiere ser dueño del balón.