Sebastian Montero V

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🔴La carne no se echa fuera,..se crucifica.Una de las confusiones más comunes de nuestros tiempos es querer tratar la car...
13/07/2026

🔴La carne no se echa fuera,..se crucifica.

Una de las confusiones más comunes de nuestros tiempos es querer tratar la carne como si fuera un demonio.

La Biblia nunca enseña que la carne se expulsa. En cambio, sí enseña que se crucifica.

Pero ¿qué es la carne?

No se refiere al cuerpo físico, sino a esa naturaleza pecaminosa que se opone a la voluntad de Dios y lucha constantemente contra el Espíritu (Gálatas 5:16-17).

Pablo escribió:

“Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.” Gálatas 5:24

La carne no se vence gritándole. No se domina con una oración de expulsión. Se lleva cada día a la cruz mediante una vida de obediencia, negándonos a nosotros mismos, andando en el Espíritu y haciendo morir aquello que nos aparta de Dios.

Y esa victoria no se alcanza por la fuerza de voluntad. La Escritura dice: “si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.” (Romanos 8:13). Es el Espíritu Santo quien nos fortalece para vivir en santidad mientras nos rendimos al Señor.

Ahora bien, esto no significa que el creyente no tenga una guerra espiritual.

La tiene.

La Escritura dice que nuestra lucha es contra principados, potestades y huestes espirituales de maldad (Efesios 6:12). También nos enseña el orden correcto para enfrentar al enemigo:

“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” (Santiago 4:7).

Primero la sumisión a Dios. Después la resistencia al diablo.

Observa también otra diferencia.

Al diablo se le resiste.

De la tentación se huye.

Y la carne se crucifica.

José nos dejó un ejemplo extraordinario. Cuando la esposa de Potifar quiso seducirlo, él no se quedó razonando con la tentación ni comenzó a reprender espíritus. La Escritura dice que huyó y salió fuera (Génesis 39:12). Sabía que permanecer allí era exponerse a caer.

Del mismo modo, Pablo escribió: “Huid de la fornicación.” (1 Corintios 6:18). No dice: “repréndela”. Dice: “huid”.

La Biblia muestra que Satanás puede tentar, como ocurrió con Jesús en el desierto (Mateo 4:1-11). Sin embargo, nadie cae únicamente por la presencia de la tentación. Santiago enseña que cada uno es tentado cuando es atraído y seducido por sus propios malos deseos (Santiago 1:14). Por eso, la tentación encuentra terreno cuando la carne no permanece sometida al Señor.

Hay batallas que se pelean de rodillas. Hay batallas donde debemos someternos a Dios y resistir al diablo.

Y hay otras donde la mayor victoria consiste en dar media vuelta y alejarnos de aquello que alimenta la carne.

No todo es guerra contra demonios. Pero tampoco toda batalla espiritual puede reducirse a la carne.

Por eso necesitamos discernimiento para enfrentar cada batalla conforme a la Palabra de Dios.

No culpemos al diablo por aquello que Dios nos llama a crucificar‼️

No llamemos opresión espiritual a lo que la Biblia llama obras de la carne. No sustituyamos la obediencia por emociones ni la cruz por fórmulas.

Cristo no solo vino a perdonarnos; también vino a libertarnos del dominio del pecado para que vivamos una vida que le honre.

Si hoy reconoces que has alimentado más la carne que al Espíritu, vuelve a la cruz. Allí hay perdón para el que se arrepiente, pero también poder para vivir una vida nueva. El mismo Cristo que te justifica es quien, por medio de Su Espíritu, te capacita para andar en santidad.

Hoy el llamado sigue siendo el mismo:

Crucifica la carne.

Sométete a Dios.

Resiste al diablo.

Huye de la tentación.

Y camina cada día en el Espíritu.

Porque la verdadera victoria no pertenece al que más fuerte grita, sino al que cada día toma su cruz y sigue a Cristo.

J.G.

🔴LA MUERTE NO ES EL FINAL… ES EL MOMENTO DONDE TODO COBRA SENTIDO ✨💭📖 Versículo para hoy:"Porque para mí el vivir es Cri...
12/07/2026

🔴LA MUERTE NO ES EL FINAL… ES EL MOMENTO DONDE TODO COBRA SENTIDO ✨💭

📖 Versículo para hoy:
"Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia." (Filipenses 1:21)

Vivimos en un mundo donde la muerte se ve como derrota… como pérdida… como el fin de todo.
Pero para el que ha conocido verdaderamente a Cristo, la historia es completamente diferente.

Pablo escribió estas palabras en medio de la incertidumbre, sin saber si viviría o moriría.
Y aun así, no habló con miedo… habló con convicción.

✨ “El vivir es Cristo.”
Cada día aquí tiene propósito.
Cada paso, cada lucha, cada lágrima… no es en vano.
Todo forma parte de una vida que apunta a Él.

Pero lo que realmente desafía nuestra lógica es lo que viene después:

🔥 “El morir es ganancia.”

¿Cómo puede alguien ver la muerte así?

Porque el creyente entiende algo que el mundo no logra comprender:
La muerte no es una despedida definitiva…
es una transición gloriosa.

Es dejar atrás el dolor, el cansancio, las batallas invisibles…
para entrar en la presencia de Dios.

Es el momento donde la fe deja de imaginar…
y finalmente ve.

Donde ya no hay dudas…
solo certeza.

Donde ya no hay lágrimas…
solo plenitud.

💔 Para muchos, la tumba representa silencio…
pero para el hijo de Dios, representa el inicio de la eternidad.

👉 No es el final del camino… es la llegada al destino.
👉 No es perder… es ganar lo eterno.
👉 No es oscuridad… es entrar en la luz perfecta.

Cristo venció la muerte.
Y por eso, quienes están en Él, no caminan hacia un final incierto…
sino hacia una promesa segura.

Si hoy el temor a la muerte toca tu corazón, o si has llorado la partida de alguien que amaba a Dios… recuerda esto:
la historia no termina en una tumba.

Dios no escribe finales tristes para Sus hijos.
Él escribe comienzos eternos.

🔥 Porque para el que vive en Cristo…
❤️ la muerte no es el final… es el momento donde empieza la verdadera vida.

🔴AMÉN... NO SÓLO ES UNA PALABRA.Todos lo decimos.Al final de una oración.Después de una alabanza.Al cerrar un culto.Amén...
12/07/2026

🔴AMÉN... NO SÓLO ES UNA PALABRA.

Todos lo decimos.
Al final de una oración.
Después de una alabanza.
Al cerrar un culto.

Amén.

Pero, ¿Sabes realmente lo que significa?

📌 La palabra "amén" viene del hebreo āmēn.
Y su significado es:

"Así sea"
"Así es"
"Que así se cumpla"

No es solo una forma de terminar.
Es una declaración de fe.

En el Antiguo Testamento, el pueblo de Dios respondía "amén" después de escuchar la ley, confirmando su compromiso.

En el Nuevo Testamento, Jesús usaba la palabra "amén" para enfatizar verdades importantes:
📖 “De cierto, de cierto os digo…” — (que en griego es amén, amén).

Cada vez que dices "amén", estás diciendo:

“Creo lo que acabo de escuchar.”
“Confío en lo que Dios ha dicho.”
“Que así se cumpla en mi vida.”

💭 No es una palabra vacía.
Es un sello de fe.

La próxima vez que digas "amén"…
no lo digas por costumbre.

Dilo con convicción.
Porque estás declarando que confías en Dios.

🔴La vida cristiana fue diseñada para crecer. Desde el momento en que una persona nace de nuevo, Dios espera que avance e...
12/07/2026

🔴La vida cristiana fue diseñada para crecer. Desde el momento en que una persona nace de nuevo, Dios espera que avance en el conocimiento de Su Palabra, en santidad y en semejanza a Cristo. Sin embargo, una de las grandes tragedias de la iglesia es la existencia de creyentes que, después de años de congregarse, siguen siendo espiritualmente inmaduros. El autor de Hebreos lamenta esta realidad al decir que ya deberían ser maestros, pero todavía necesitan leche y no alimento sólido (Hebreos 5:12-14).

La inmadurez espiritual se evidencia cuando un creyente depende siempre de otros para alimentarse, evita el estudio serio de las Escrituras, rechaza la sana doctrina y vive dominado por emociones más que por la verdad. Prefiere mensajes fáciles antes que enseñanzas que confronten su pecado y lo impulsen a crecer.

Dios no nos llama a permanecer como niños espirituales. Pedro exhorta: "Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis" (1 Pedro 2:2). Pero esa leche es el punto de partida, no la meta. El propósito es alcanzar madurez, discernimiento y firmeza en la fe.

Una iglesia llena de creyentes inmaduros será fácilmente engañada por falsas doctrinas y llevada por cualquier viento de enseñanza. En cambio, una iglesia que crece en la Palabra desarrolla convicciones firmes y una vida que glorifica a Cristo.

La pregunta no es cuántos años llevamos asistiendo a la iglesia, sino cuánto nos parecemos hoy más a Cristo que hace un año. El evangelio no solo nos salva; también nos transforma. Permanecer espiritualmente inmaduros cuando Dios nos llama a crecer es una tragedia que toda iglesia debe enfrentar con la enseñanza fiel de las Escrituras y un discipulado intencional.

🔴NO TODO LO QUE NACE DEL CORAZÓN VIENE DE DIOSVivimos en un tiempo donde muchas personas dicen: “Hazle caso a tu corazón...
11/07/2026

🔴NO TODO LO QUE NACE DEL CORAZÓN VIENE DE DIOS

Vivimos en un tiempo donde muchas personas dicen: “Hazle caso a tu corazón”, “Sigue lo que sientes”, “El corazón nunca se equivoca”. Ese consejo suena agradable, pero no es lo que enseña la Palabra de Dios. La Biblia habla del corazón con mucha seriedad, porque ahí nacen las decisiones, los deseos, las intenciones y las motivaciones del ser humano. Por eso el profeta Jeremías escribió: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9). Dios no está diciendo que el corazón tenga pequeños errores. Está mostrando que, cuando el hombre vive apartado del Señor, su propio corazón puede llevarlo por caminos equivocados mientras le hace creer que va por el camino correcto.

Muchas personas han tomado malas decisiones porque confiaron solamente en lo que sentían. Hay quien dejó a su familia porque siguió un impulso. Hay quien rompió una amistad porque creyó un pensamiento que nunca comprobó. Hay quien rechazó un consejo porque sintió que no lo necesitaba. El problema no era que tuvieran corazón; el problema era pensar que todo lo que salía de él era bueno. La Biblia enseña que el corazón humano necesita ser guiado por Dios, porque puede justificar el pecado, disfrazar el orgullo, alimentar el rencor y hacer creer que una mala decisión es correcta.

Por eso Jeremías continúa diciendo: “Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” (Jeremías 17:10). Los hombres vemos la apariencia, escuchamos palabras y observamos acciones, pero Dios mira aquello que nadie más puede ver. Él conoce las verdaderas intenciones. Sabe cuándo una ayuda nace del amor y cuándo nace del interés. Sabe cuándo una oración sale de un corazón sincero y cuándo solo busca impresionar. Delante del Señor no existen máscaras que puedan ocultar lo que realmente somos.

Jesús confirmó esta enseñanza cuando dijo en Marcos 7:21-23: “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez”. El Señor dejó claro que el mayor problema del ser humano no está afuera. El pecado nace dentro del corazón y luego se manifiesta en la manera de hablar, de actuar y de tratar a los demás. Por eso la solución no consiste solamente en cambiar algunas costumbres; el corazón necesita ser transformado por Dios.

También existen personas que aparentan tener un buen comportamiento delante de todos, pero guardan orgullo, envidia o amargura. Otras hablan de Dios, pero alimentan el odio en secreto. Algunas hacen obras buenas buscando reconocimiento y no agradar al Señor. El corazón puede aprender a esconder muchas cosas delante de los hombres, pero nunca delante de Dios. Él conoce cada pensamiento antes de que llegue a nuestros labios. Él sabe lo que sentimos aun cuando nadie más lo sospecha.

Por esa razón David hizo una oración que sigue siendo necesaria para todos: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos” (Salmo 139:23). David no pidió que Dios examinara a los demás. Pidió que examinara su propia vida. Esa es la actitud de quien desea caminar en verdad. Antes de señalar el pecado ajeno, permite que Dios le muestre aquello que necesita corregir.

Ezequiel 36:26 contiene una promesa maravillosa: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros”. Dios no vino solamente a perdonar pecados; también vino a transformar el interior del hombre. Un corazón nuevo aprende a amar donde antes había odio, aprende a perdonar donde antes había deseo de venganza, aprende a decir la verdad donde antes vivía el engaño y aprende a obedecer donde antes solo había rebeldía. Esa obra solo puede hacerla el Señor.

Por eso no es sabio vivir diciendo: “Yo hago lo que mi corazón me diga”. Lo correcto es preguntarnos si aquello que sentimos está de acuerdo con la voluntad de Dios. La Palabra debe gobernar el corazón, no el corazón gobernar la Palabra. Cuando los sentimientos contradicen lo que Dios ha dicho, el creyente debe permanecer del lado de Dios, porque el Señor nunca se equivoca.

Proverbios 4:23 dice: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”. Guardar el corazón significa cuidar lo que dejamos entrar, revisar nuestras intenciones, rechazar el pecado y permanecer cerca de Dios. No se trata de desconfiar de todos; se trata de no confiar ciegamente en un corazón que necesita cada día la dirección del Señor.

No pongas tu confianza en lo que cambia con las emociones, ni permitas que un impulso decida el rumbo de tu vida. Pon tu confianza en Dios, porque Él conoce el corazón mejor que nosotros mismos. Si permites que su Palabra examine tu interior y obedeces su voz, el Señor irá limpiando aquello que necesita ser cambiado. El corazón humano puede engañar, pero Dios nunca engaña. Él sigue formando hombres y mujeres que no viven guiados por lo que sienten, sino por la verdad que permanece para siempre.

🔴Nunca te enseñaron que uno de los sermones más poderosos de la Biblia fue predicado por una burra.Porque cuando pensamo...
10/07/2026

🔴Nunca te enseñaron que uno de los sermones más poderosos de la Biblia fue predicado por una burra.

Porque cuando pensamos en Balaam, casi siempre pensamos en el animal que habló.

Pensamos en el milagro.

Pensamos en el ángel con la espada.

Pensamos en una historia sorprendente.

Pero si nos quedamos solo con el milagro, perdemos la verdadera tragedia del relato.

La historia se encuentra en Números 22 al 24.

Balaam no era un hombre cualquiera.

Conocía al Dios verdadero.

Podía escuchar Su voz.

Sabía distinguir entre lo correcto y lo incorrecto.

Incluso cuando los mensajeros del rey Balac llegaron con riquezas para que maldijera a Israel, Balaam respondió correctamente:

"Aunque Balac me diera su casa llena de plata y oro, no podría ir contra la palabra de Dios."

Parecía un hombre íntegro.

Parecía un hombre fiel.

Parecía un hombre espiritual.

Pero hay algo que la Biblia deja ver poco a poco.

Su boca decía una cosa...

Pero su corazón deseaba otra.

Porque aunque Dios le había dicho claramente cuál era Su voluntad, Balaam siguió buscando una respuesta diferente.

No porque no entendiera la voluntad de Dios.

Sino porque esperaba que Dios cambiara de opinión.

Y ese es uno de los peligros más grandes de la vida espiritual.

No siempre caemos porque ignoramos la verdad.

Muchas veces caemos porque intentamos negociar con ella.

Queremos que Dios bendiga decisiones que Él nunca aprobó.

Queremos escuchar un "sí" donde Él ya dijo "no".

Y mientras más insistimos, más fácil es convencernos de que estamos haciendo lo correcto.

Entonces Balaam emprendió el camino.

Y aquí ocurre algo extraordinario.

La burra vio al ángel.

Pero Balaam no.

Qué escena tan impactante.

El profeta estaba ciego.

Y el animal veía con mayor claridad que él.

No porque la burra fuera más inteligente.

Sino porque Balaam estaba tan concentrado en llegar a su destino que había dejado de percibir el peligro.

Eso sigue ocurriendo hoy.

Hay personas que avanzan tan deprisa detrás de sus sueños.

De su dinero.

De sus ambiciones.

De sus proyectos.

Que dejan de ver las advertencias que Dios pone delante de ellas.

La conciencia comienza a incomodar.

Una persona les aconseja.

La Palabra de Dios las confronta.

Las circunstancias les hablan.

Pero siguen avanzando.

Porque cuando el corazón desea intensamente algo, puede llegar a ignorar hasta las señales más evidentes.

La burra se detuvo tres veces.

Primero se desvió del camino.

Después aplastó el pie de Balaam contra la pared.

Finalmente se echó en el suelo.

Y cada vez Balaam reaccionó igual.

Con ira.

Con violencia.

Con desesperación.

Nunca se preguntó:

"¿Por qué un animal que siempre me ha obedecido está actuando de manera diferente?"

Porque el enojo tiene la capacidad de cegarnos.

Cuando vivimos dominados por la ira, dejamos de hacer preguntas.

Solo buscamos culpables.

Y entonces sucede uno de los milagros más extraños de toda la Biblia.

Dios abrió la boca de la burra.

Y el animal habló.

Pero hay algo aún más sorprendente.

Balaam respondió como si aquello fuera completamente normal.

Ni siquiera parece sorprenderse.

Porque cuando una persona lleva demasiado tiempo alejándose de Dios, puede llegar a perder la capacidad de asombrarse.

Y entonces el Señor abre los ojos de Balaam.

Solo entonces ve al ángel con la espada desenvainada.

La espada no estaba allí para destruirlo sin advertencia.

Estaba allí para detenerlo antes de que fuera demasiado tarde.

Porque muchas veces interpretamos los obstáculos como si fueran un castigo.

Cuando en realidad son una misericordia.

¿Cuántas puertas cerradas nos salvaron de un desastre?

¿Cuántos planes frustrados evitaron un dolor mayor?

¿Cuántas demoras fueron, en realidad, protección divina?

Pero casi nunca lo entendemos en el momento.

Nos enojamos.

Nos desesperamos.

Nos quejamos.

Sin saber que Dios nos está librando de algo que todavía no podemos ver.

Y aquí aparece la parte más triste de toda la historia.

Balaam continuó su camino.

Pronunció bendiciones sobre Israel porque no pudo hacer otra cosa.

Pero más adelante, en Números 31:16 y Apocalipsis 2:14, descubrimos que fue él quien aconsejó a Moab cómo hacer caer a Israel mediante la seducción y la idolatría.

Es decir, aunque sus palabras parecían obedientes, su corazón nunca cambió.

Y esa es la verdadera tragedia.

Porque uno puede tener experiencias extraordinarias con Dios...

Y aun así no rendirle completamente el corazón.

Puede conocer la Biblia.

Puede hablar de Dios.

Puede impresionar a otros con su espiritualidad.

Y, sin embargo, guardar áreas secretas donde todavía gobierna la ambición.

Lo que más me conmueve de esta historia no es que una burra hablara.

Es que Dios hizo todo lo posible por salvar a Balaam.

Le habló.

Lo advirtió.

Le cerró el camino.

Le mostró un ángel.

Usó incluso a un animal.

Porque Dios siempre advierte antes de que llegue la caída.

Siempre llama antes del juicio.

Siempre busca el arrepentimiento antes de la destrucción.

Y eso sigue ocurriendo hoy.

Tal vez la "burra" de tu historia no sea un animal.

Tal vez sea una enfermedad que te obligó a detenerte.

Una puerta que se cerró.

Un fracaso que no entendiste.

Una conversación que te confrontó.

Un hijo que te hizo reflexionar.

Un sermón que incomodó tu conciencia.

Un versículo que no has podido olvidar.

Y mientras tú pensabas que todo eso estaba arruinando tus planes...

Quizás Dios estaba salvando tu vida.

Porque el mayor milagro de esta historia no fue que una burra hablara.

El mayor milagro fue que un Dios lleno de misericordia insistiera una y otra vez en detener a un hombre que caminaba hacia su propia destrucción.

Y quizás esa sea la pregunta que Balaam y su burra dejan hoy en nuestro corazón:

¿Hay algún camino por el que estás insistiendo avanzar...

aunque Dios ya puso demasiadas señales para decirte que te detengas?

Porque a veces, la respuesta más grande del amor de Dios no es abrirnos el camino.

Es atravesarse delante de nosotros para impedir que sigamos caminando hacia nuestra propia ruina.

09/07/2026
🔴Nadie cae en la tentación porque el pecado parezca desagradable. La tentación funciona porque presenta algo atractivo, ...
09/07/2026

🔴Nadie cae en la tentación porque el pecado parezca desagradable. La tentación funciona porque presenta algo atractivo, deseable y aparentemente inofensivo, mientras oculta las consecuencias que vienen después.

Así ocurrió con Adán y Eva: el fruto parecía bueno para comer y agradable a los ojos, pero detrás de su apariencia estaba la muerte (Génesis 3:6).

El pecado nunca llega mostrando sus cadenas; llega ofreciendo placer, libertad y satisfacción. Por eso Santiago enseña que cada uno es atraído y seducido por sus propios deseos, y que el deseo da a luz el pecado, y el pecado produce muerte (Santiago 1:14-15).

El anzuelo nunca se muestra primero; se esconde detrás de la carnada. Satanás no presenta la destrucción, presenta la atracción. Por eso Jesús llamó a velar y orar para no caer en tentación (Mateo 26:41).

Pero Dios nos da una salida: en Cristo encontramos perdón y poder para vencer la tentación. Su gracia no solo nos rescata del pecado, también nos enseña a rechazarlo (Tito 2:11-12).

09/07/2026

🔴Los leo☺️🙈

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